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Niños con Enfermedad Crónica
¿Cómo afecta una enfermedad
crónica a mi hijo?
El niño que padece de una enfermedad médica
seria corre el riesgo de desarrollar problemas
emocionales relacionados con su enfermedad. A diferencia
de los niños que tienen enfermedades temporáneas, como
la gripe, el niño con una enfermedad crónica tiene que
enfrentarse a la realidad de que la enfermedad no va a
quitársele y que hasta puede ponerse peor. Los
siquiatras de niños y adolescentes indican que la mayor
parte de estos niños al principio se niegan a creer que
están enfermos y después sienten culpabilidad e ira.
¿Cómo puede reaccionar un niño
que sufre una enfermedad crónica?
El niño pequeño que no es capaz de entender
por qué se enfermó puede asumir que está siendo
castigado por ser "malo". El/ella se puede enojar con
sus padres y con sus médicos porque no pueden curar la
enfermedad. Puede reaccionar fuertemente si lo miman
mucho, si lo embroman, o si recibe cualquier otro tipo
de atención. Los tratamientos incómodos y las
restricciones a su dieta o actividades pueden amargarlo
y hacerlo reservado. Para ayudar a su niño a manejar la
enfermedad usted tiene que darle información sincera,
precisa y apropiada para su edad, para así ayudarlo a
que pueda entender.
El adolescente con una enfermedad de larga duración o
crónica puede sentir que lo jalan en direcciones
opuestas. Por un lado debe de ocuparse de su problema
físico, lo cual le requiere depender de sus padres y
médicos. Por otro lado, el adolescente quiere ser
independiente y participar con sus amigos en varias
actividades. Cuando el adolescente con una enfermedad
crónica trata de disminuir o de dejar de tomar sus
medicamentos sin consultar con el médico, ello demuestra
un deseo normal de un adolescente quien quiere demostrar
que tiene control de su propio cuerpo.
Las enfermedades crónicas pueden causarle problemas en
la escuela incluyendo el tratar de evitar asistir a
ella. Esto puede aumentar su soledad y hacerlo sentirse
diferente a los otros niños. Es importante que los
padres ayuden al niño a mantener una rutina lo más
normal posible. Los padres que quieren ayudar a su hijo
en todo lo posible deben de estar conscientes, no sólo
de su enfermedad, sino también de sus dotes o talentos.
Los siquiatras de niños y adolescentes saben que si se
aísla o sobreprotege al niño, él nunca aprenderá a
socializar o tendrá dificultad en separarse de los
padres cuando sea tiempo de participar en actividades
escolares y fuera del hogar. El estar en contacto con
otras personas que se han adaptado a vivir con una
enfermedad crónica puede ser muy beneficioso para el
niño.
Durante los períodos prolongados de hospitalización y/o
de recuperación en la casa, los niños pueden desarrollar
excelencia en una afición (hobby), o desarrollar un
talento especial, como el arte, los modelos de aviones,
u otros idiomas. También pueden tratar de aprender todo
lo relacionado con su enfermedad. Estas actividades son
saludables desde el punto de vista emocional y deben de
estimularse.
Los niños con enfermedades crónicas reciben la
atención de un equipo de especialistas médicos. Este
equipo incluye a menudo un siquiatra de niños y
adolescentes, quien podrá ayudar al niño y a la familia
a desarrollar un sistema de vida emocionalmente
saludable ante la enfermedad y sus efectos.
Modificado de la American Academy of Child and
Adolescent Psychiatry. 2005
Artículo Publicado el:
11/04/2005
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